Bajo la mirada para ver por
encima de mis gafas de cerca, mis nuevas gafapastas rojas y blancas, recién
sacadas de la óptica de Fermín, buen muchacho donde los haya. He tenido que
volver a mirar para ver la estación por donde tránsito. Aún no me he pasado,
quedan tres más.
He de reconocer que desde que
vivo en el centro y me transporto en el suburbano, le saco rendimiento al
chisme del e-book. Y nada mejor para perder la noción que una buena novela de
género policiaco. Llevo un largo rato absorto en la lectura de "Port Mortuary" lo nuevo de Patricia
Cornwellde. Si me despisto de nuevo, volveré a pasarme la parada
y será la quinta en un mes.
Y la verdad que algo de razón no le faltaría.
Vuelvo a levantar la mirada y un alo de realidad y ternura me provoca una sonrisa.
Un jovencito porta un bonito aunque algo escueto ramo de rosas, tarjeta
incluida. Y un fuerte olor a colonia barata me invade; es la del muchacho. Le
remiro y va repeinaico. ¡Va a ver a su amada!
Que galante. Un hombre como los
de antes. Esto si le gustaría al abuelo si levantara la cabeza.
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