sábado, 27 de septiembre de 2025

+365, 1er ANIVERSARIO DE UN TRASPLANTADO

 

Foto: octubre 2024 - servicio de Hematología, planta baja, antiguo hospital 12 de Octubre de Madrid
3 bombas en funcionamiento con alimentación parenteral, inmunosupresor y antibiótico.




  Hoy soy +365 y es San Vicente de Paúl[1]. Se cumple un año de mi trasplante de médula ósea.

  Es el momento idóneo para sacar de mis adentros lo que pasó en los días previos, el día del trasplante, y los inmediatamente posteriores.

  Algunas de las cosas que voy a escribir o de las fotos que voy a mostrar no son bonitas, pero me resulta sanador, remover mis recuerdos, sacarlos de mi cabeza y escribirlos, para, no volver a releer lo aquí contado y así, intentar pasar página.

  Tengo una premisa: resumirme a mí mismo lo acontecido, no hacerlo demasiado largo, pero a priori no lo aseguro; tengo mucho que sanar.

  No soy nada especial. En el año 2024 se realizaron en España un total de 3.844 trasplantes de médula ósea: 2.246 autólogos y 1.598 alogénicos[2].

  Simplemente soy uno de esos 1.598 alogénicos y puedo explicar en primera persona del singular lo que es ser un trasplantado y las muchas fatigas que se pasan siéndolo. Lo que viene a continuación, como dice mi amigo Juanjo, es tan verídico como cierto.

  Arranqué el proceso, a primeros de agosto del 2024, con dos rejonazos muy dolorosos.

  El primero, saber que mi mediocre médula ósea no permitía un trasplante autógeno, ya que no generaba suficientes células madre; y el segundo, tener que escuchar, leer, asumir y firmar lo que supone un trasplante alogénico, en una conversación de lo más dura con el hematólogo. Y digo dura, por no decir dramática.

  Transcribo a continuación algunas líneas, de lo que me explicaron ese día y que conservo en un documento de “CONSENTIMIENTO INFORMADO” que hasta hoy no había querido leer:


“RIESGOS FRECUENTES:

- Infecciones, anemias hemorragias […]. Las infecciones por bacteria, virus u hongos pueden ser graves.

- Toxicidad de la quimio-radioterapia. Este tratamiento origina […] náuseas, vómitos, diarrea y úlceras en la boca de intensidad variable. Otros efectos a tener en cuenta es la esterilidad, por lo general irreversible.

- Enfermedad injerto contra huésped. Puede aparecer a las 2-3 semanas (forma aguda) del trasplante o al cabo de meses (forma crónica). Requiere tratamiento intensivo durante un largo periodo de tiempo. Si se logra su control, la complicación habrá sido beneficiosa ya que ayuda a eliminar la enfermedad. Si no se controla, supondrá un grave riesgo para el paciente al favorecer el desarrollo de infecciones graves por hongos o virus.

- Recidiva de la enfermedad. Aunque este procedimiento ofrece las máximas posibilidades de erradicar la enfermedad, en ocasiones ésta puede reaparecer al cabo de cierto tiempo.

- Como consecuencia de estos efectos secundarios el trasplante alogénico comporta un riesgo para la vida del paciente; riesgo muy variable en función del tipo de enfermedad que se esté tratando, del estado del paciente y de la enfermedad en el momento del trasplante.



RIESGOS POCO FRECUENTES:

- Fallo o rechazo del implante. […]

- Toxicidad de la quimio-radioterápia. Puede producirse una toxicidad grave que afecte a algún órgano vital (hígado, pulmón, corazón, etc.). […]

- En caso de infección grave, fallo respiratorio o afectación grave de algún órgano vital, se puede requerir ingreso en la unidad de cuidados intensivos para tratamiento de soporte vital.

- Neoplasias secundarias: debido al efecto de la quimioterapia o a la disregulación del sistema inmunitario, pueden aparecer tumores en piel, pulmón, boca u otros órganos, años después de la realización del trasplante.


CONSECUENCIAS DE LA REALIZACIÓN DEL PROCEDIMIENTO

Las razones generales y particulares por las que este tratamiento puede resultar beneficioso para su salud son eliminar de su cuerpo las células que originan la enfermedad y sustituir mi médula ósea enferma por una sana y libre de enfermedad. Dicho tratamiento es, hoy por hoy, el que ofrece mayores garantías de control de su enfermedad. A pesar de ello, no está totalmente garantizada la curación de la misma, ya que, en ocasiones, puede reaparecer la enfermedad a pesar del trasplante.”




  Los “riesgos frecuentes” los he padecido todos (la enfermedad injerto contra huésped en grado agudo), y gracias a Dios, a día de hoy ninguno de los “poco frecuentes”.


   Usaba antes la palabra dramática para referirme a la conversación con el hematólogo. Este, fue especialmente incisivo en la frase “riesgo para la vida del paciente”, exponiendo con claridad y derroche de minutos, las múltiples formas en las que me podía morir por los riesgos frecuentes del trasplante. Uso por ejemplo el término “muerte súbita”. Lo reconozco, Almudena y un servidor salimos llorando de la consulta.

   En la imagen siguiente, papel manuscrito del médico, que aún conservo, donde resumía el trasplante, y sus posibles efectos secundarios, con un alentador +18 para darme el alta, yendo todo bien. He trascrito su letra para que se entienda mejor el documento.


Imagen: Agosto 2024


  Además, el médico me advirtió en esa misma conversación, que el trasplante tendría lugar en el antiguo 12 de Octubre, donde las condiciones “habitacionales” eran deplorables[3]. Se quedó corto el muchacho.

  Resultado de esos rejonazos: la necesidad de hacer testamento, cuestión que el médico también me recomendó ese día y que firmé en el notario dos semanas después, a primeros de septiembre.

  Así, con dos heridas aun sangrando, afronté el resto de agosto y las primeras semanas de septiembre. Pese a todo, ningún día dejé de subirme en la bici y ganar mi particular etapa del tour de Francia, ningún día dejé de beber 3 litros de agua, ningún día dejé de alimentarme como Dios manda, ningún día dejé de intentar estar de buen humor, ningún día bajé los brazos, eso sí, ningún día tuve que peinarme.

  Llegué al hospital 12 de Octubre en la tarde del viernes 20 de septiembre, sobre las 18:00 horas, con pelusilla por pelo, 75 kilos y un aceptable aspecto general, dispuesto para afrontar la guerra que se venía encima. Qué inocente.

  Los días siguientes, siempre fueron cuesta arriba, al 20% de pendiente media. Yo me entiendo.

  Me instalaron ese viernes en una habitación provisional, la 24, un cuchitril destartalado, a la espera de pasarme definitivamente a una de aislamiento, cosa que sucedió el martes siguiente.

  La segunda rampa llegó sin descanso, el sábado. Mis cifras hematológicas no admitían un port-a-cath o un hickman[4] en el pecho, y para recibir el tratamiento necesario no servía el PICC que “traía de fábrica”[5] y del que ya he contado cosas en otros artículos pretéritos. Me instalaron cuál avatar una vía en la yugular (catéter venoso central o CVC), con tres luces de uso. Cuando la doctora cosía el tubo de entrada, para fijarlo a la piel y que no se moviera, lo hizo fuera de la zona anestesiada. Tuve que morder la almohada para soportar el dolor. La chiquilla dejó el catéter bien puesto a la primera y no tuvo que repetirlo, menos mal.


Fotos: septiembre 2024 – Vía instalada en mi cuello.


  Más. Dentro de los múltiples servicios que tenía a mi disposición, pedí una pedalera, atención psicológica y la vista del capellán.



Foto: septiembre 2024 – Pedalera que usé durante el ingreso hospitalario.


  El domingo por la mañana recibí la visita del capellán del hospital, no recuerdo su nombre, con el que pude confesarme. Soy creyente a la par que pragmático, su presencia supuso un rato de sosiego.

  Ese mismo domingo empecé con la quimioterapia previa al trasplante, llamada “régimen de acondicionamiento” en mi caso, mieloablativo[6] que consistió en dosis de alta intensidad durante los siguientes cuatro días.

  Sabía lo que era pasar por ese trance, el de ser envenenado, pero esta quimio es una leche con la mano abierta que no la ves venir.

  Fueron cuatro días donde desde el primer minuto, tras recibir el veneno, empezó un declive progresivo, físico y clínico, que quise acompañar con un rasurado total en la cabeza.

  El miércoles, tres días después, ya no podía ni con los 21 g que dicen pesa el alma.

  En la foto que acompañan se puede ver mi estilismo para el ingreso.


   Si la habitación 24 era un cuchitril, la de aislamiento donde me trasladaron el martes, la número 4, era directamente un zulo. 

   Indigna para cualquier enfermo que debe afrontar un lance con la muerte, a cara de perro, y está obligado a permanecer en ella una veintena de días, cuanto menos. Como he dicho al principio no soy nada excepcional, pero si puedo reconocer que ni esta situación cambió mucho mi carácter.

   Las fotos que muestro a continuación son de zulo de 3x3 donde estuve ingresado prácticamente un mes, y no revelan su tamaño, pero creerme, era realmente angosto. Puede dar fe de ello la única persona que, fuera de mi familia y sanitarios, pudo entrar, mi director espiritual que allí se plantó un día para acompañarme.
  


   Ya estando aislado, para hacerme una radiografía de tórax, vinieron a la habitación con una máquina portátil de rayos x, tipo jirafa. De risa, las maniobras que tuvieron que hacer para meter el artilugio y hacerme la radiografía.

   Las eternas “caminatas” por el pasillo de la planta, de unos 25 metros de longitud, tirando del palo “sujeta bombas” de lo más curiosas. En la imagen que muestro a continuación se ve el pasillo en su totalidad.


   El viernes 27 de septiembre a las 13:00 aprox. me realizaron la infusión de células madre (no confundir con operación) que es en lo que consiste el propiamente el trasplante.

  Ese día los médicos lo consideran el día 0 y en argot de los trasplantados, lo denominan “cumplevida”.

  Con respeto, profunda y sincera admiración por todos ellos, siempre será un día especial, por eso hoy celebro el +365, pero nunca más importante que el día en que mi madre me dio la vida. Sería tanto como decir que el cáncer es más importante que ELLA y por ahí no paso.

   La medicación de ese día fue un "simple poloramine” que provocó en mí un relajante estado de somnolencia.

   Lo que me estremeció de ese momento concreto, solo encuentra sentido siendo católico. El aislamiento fue en una habitación del servicio de Hematología de la planta baja del antiguo hospital 12 de Octubre. 

   Por la ventana, que daba a un patio interior, se veían los sistemas de aireación del vetusto hospital, y varias plantas, 6 o 7, del viejo edificio (tenia 18), sin llegar a ver su azotea, sirviendo en realidad para dejar entrar la claridad del día. Parecía un semisótano.

  Finalizada la infusión, sobre las 13:20, durante unos segundos, un potente rayo de sol invadió la habitación, con una luz casi cegadora, cuestión que no pasó en ningún otro momento del largo confinamiento. El enfermero que me acompañaba podría atestiguar como cierto lo que digo. Yo lo entendí con claridad, y el que quiere creer que crea.

   El sábado +1, domingo +2 y lunes +3, digamos que me dejaron en paz con mis caunadas.

   Bueno, en paz. Debido a las obras en el hospital, y los consiguientes hongos en suspensión, pese a las medidas de aislamiento, desde el primer lunes, y hasta el final del internamiento, debía inhalar tres veces por semana, durante cuarenta minutos, un producto amarillo, antifúngico, en una cachimba de plástico reutilizable, conectada al conducto de oxígeno del hospital (10 dosis en total).

   Cachimba que yo mismo debía limpiar al finalizar la inhalación. Qué estilosos mi cachimba y yo.



   El martes empezó la verdadera pelea. 

   Durante los días +3 y +4 me volvieron a poner nuevas dosis de quimioterapia, la llamada ciclofosmamida[7] en este caso para “aplacar” al trasplante, o como se diría clínicamente, prevenir la enfermedad de injerto contra huésped (EICH). El médico la describió así: “es una quimio muy antigua, muy potente y con muchos efectos secundarios, entre ellos tendremos que sondarte durante una semana para que la expulses sin que deje residuos en el canal urinario, pero, para lo que la necesitamos no hay nada mejor”.

   Situación está la del sondaje y el estreñimiento, con dolores múltiples incluidos, que duró efectivamente una semana y que la calificaría como infernal.

   ¡A Dios la luz! Te tienen que envenenar hasta para parar lo que supuestamente te debe salvar.

   Esta quimio es demoledora. Vómitos y mareos a casco porro desde el primer momento.

   Perdí casi de inmediato la posibilidad de comer, mucositis se llama la cosa, con alimentación parental al canto, y un estreñimiento tan feo, con una posible infección por herida incluida, que por desagradable, solo contaré que los hematólogos debían revisar mi “puerta trasera” todos los días. Allí me tenías, decúbito lateral, desnudo y “cuatro críos” hablado de cómo veían el tema.

   Todo para enmarcar.

   Me permito usar la palabra críos, muchachos, etc., con mis médicos. Es síntoma de que, he pasado mucho tiempo con ellos, y la confianza dicen que da asco. Además, me voy haciendo mayor. Algunos de los que me han salvado la vida, podrían ser mis hijos. Son esa generación JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados, vamos unos putos cracks. No pongo sus nombres, y desenfoco sus caras, ellos saben quién son y lo agradecido que estoy de su trabajo. Sé que alguno incluso me lee. Nada mejor me podía pasar.



Foto: habitación 4 – Servicio de Hematología - Hospital U. 12 de Octubre. 16/10/24 Día del alta hospitalaria.



   Sigo. No hay que perder de vista que en todo momento estaba conectado a varias bombas que por mi yugular, introducían en el torrente sanguíneo un sin fin de fármacos.

   A esto sumamos qué el wc de la suite 4 era tan angosto qué o entraba yo, o las bombas que me mantenían con vida, pero los dos, no.

   Así que más de siete veces siete, la situación era la siguiente: irrumpía el personal sanitario, de todo tipo, en la habitación (entran de manera constante desde la 6:30 y hasta las 23:30) y yo allí, en el trono, saludando, con la puerta abierta y las bombas en el pasillo, pitando, con los medicamentos a tutiplén. Siento contar estas escabrosidades, pero tomarlas con humor, ayudaba bastante.

   Uno de esos días, no recuerdo cuál, recibí la visita de la psicóloga. Bien, agradable, una cosa más. Me conozco, sé mis taras y algunas de mis virtudes, acepto como soy, acepto lo que me está pasando. Me volvió a visitar un par de veces más. Lo dejamos aquí por qué no hay mucho que escribir por ahora.

   El jueves +6 empezaron nuevas “movidas”. Por la tarde empecé a tiritar y tener mucha fiebre. La enfermera me dijo: “Enhorabuena, el injerto empieza a funcionar y tu organismos se revela”. Jo, der, se, si se revela. Vaya cuatro días de fatigas, malas, pero malas, de vómitos, de fiebres, de diarreas, de no salir de la cama, de, … de seguir sin poder peinarme.

   Otro síntoma fue un sarpullido muy notable, fundamentalmente en las piernas, que derivó en dos visitas de los dermatólogos, con biopsia de la piel incluida. A día de hoy conservo la cicatriz, en la espinilla derecha, del mordisco que me dieron. Pensaron que tenía escorbuto[8]; resultó ser una reacción a la ciclofosmamida.

   Pese a lo mal que me encontraba, según los médicos, iba cumpliendo los pronósticos más optimistas, en breve mejoraría y podría salir de la cama.

   Efectivamente, el +10 manifesté una mejoría cuasi milagrosa. No era para tirar cohetes, pero sin fiebre, pasaron los dolores y las tiritonas y con ellas, dejemos atrás los analgésicos, la pastillita para dormir y la morfina.

   Pero, quién dijo miedo. A la vez irrumpieron en mi vida los inmunosupresores, por ahora, todos por vía intravenosa, de diversos tipos y con diversas dosis diarias. Hace unos días escribía sobre ellos[9] y de sus chachis efectos secundarios, así que hoy no me extenderé. Empecé a tomarlos el día +10 y he dejado de tomarlos el día +334 (18/08/25).

   De ese +10, al +18, una semana y un día, no dejé de pasar penurias, pero sin pasos atrás, incluida la retirada de la sonda.

   Uno de esos días, no recuerdo cuál, pude empezar a comer y así retirarme la  parenteral. Aquí una nota especial para mi hematólogo. Me puso dieta de niño, más amable, que resultó clave para ir recuperándome. Bocadillos de chocolate en la merienda. ¡Olé ahí tú, qué grande eres!

   Por prescripción médica, el +14 empecé a beber agua, ese día 1 litro, el +15, 2 litros y el +16, 3 litros, costumbre que no he podido dejar, y que aún hoy hago a diario[10].

   El +18, era el día previsto para mi alta, siempre, según el papel manuscrito del médico que he mostrado antes. Me encontraba bien, y pensé que me iría para casa. No fue posible, las cifras de la analítica no fueron suficientes. Tengo que reconocer que ese día, llevando 26 ingresado y sintiéndome bien, si fue un pequeño jarro de agua fría.

   Mi médula siempre por libre, siempre tan HDP.

   Pero el médico no se equivocó mucho, como es costumbre desde que me trata, el día +19, el miércoles 16 de octubre, pautaron los inmunosupresores por vía a pastillas y me dieron el alta. Está firmada a las 14:00 h. Por fin. Salí del hospital a medio día.

  Os lo reconozco, del brazo de Almu, que nunca me ha dejado solo, recorrí el pasillo de salida del servicio de hematología, a rastras, no podía ni con la mascarilla. Pero levantando el puño cuál Nadal en Roland Garros, recogiendo la algarabía de las enfermeras que allí se despedían de mí. A la mier.., perdón, a paseo el zulo para siempre.

  Desde entonces, hasta hoy, la recuperación ha seguido siendo un calvario, que poco a poco y día a día se me está haciendo largo.

  Pero la verdad de las cosas es otra.

   Las posibilidades reales de estar muerto a día de hoy, siempre han sido muy elevadas, en Semana Santa 2025 las cosas pintaban feas, así de crudo y así de sencillo.

   Sigo sin estar fuera de peligro. Mi médula siempre va por libre, a su aire, en su línea.

   Gracias a Dios, y a los médicos, estoy hoy de pies y dando guerra, viviendo con ganas el presente. Creo sentirme un superviviente y sin falsa modestia pienso que he conseguido mi pequeña gran victoria.


Carlos Elipe Pérez
+365 – 27/09/2025



PD. Quiero enviarle un beso muy grande Juana, compi de fatigas, a quien le realizaron un trasplante de médula ósea alogénico, justo antes que a mí, en la misma habitación número 4 y que hoy no está pasando buenos momentos.

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[1] La festividad de San Vicente de Paúl se celebra cada 27 de septiembre, recordando su muerte en París, el 27 de septiembre de 1660. Sacerdote francés, figura de las más importantes del catolicismo en Francia del siglo XVII.



[2] En 2024, en España se realizaron 3.844 trasplantes de médula ósea según la memoria anual de trasplantes de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). 2.246 fueron trasplantes autólogos (con células del propio paciente) y 1.598 fueron alogénicos (con células de donantes), como el mío. De estos, casi la mitad, 748 fueron de donantes anónimos no emparentados, gracias al sistema REDMO.



[3] El Hospital Universitario 12 de Octubre se inauguró el 2 de octubre de 1973. El trasplante me fue realizado en unas instalaciones, que 51 años después, habían cambiado muy poco. Además, hay que añadir que en 2023 se terminó la construcción del nuevo hospital, por lo que todos los recursos se destinaron a este, dejando las antiguas instalaciones con un mantenimiento muy básico. El servicio de Hematología se trasladó desde la planta 0 del antiguo, a la planta 8 A y B del nuevo a finales del mes de octubre, pocos días de mi alta hospitalaria, siendo yo, el penúltimo paciente de la habitación 4.



[4] Un Port-a-Cath es un dispositivo de acceso venoso central de larga duración, que consiste en un reservorio (un pequeño disco metálico) implantado bajo la piel y conectado a un catéter que llega a una vena grande. Un Hickman es un catéter de vía venosa central tunelizada de larga duración instala realizando un túnel bajo la piel en el pecho, el cuello o la clavícula, de forma que el tubo entre en una vena grande (como la vena yugular o subclavia) que lleva hasta la vena cava superior, cerca del corazón.

En ambos casos se utilizan para aplicar tratamientos como quimioterapia, transfusiones, nutrición parenteral, así como la extracción de muestras sanguíneas, sin necesidad de punciones venosas periféricas.



[5] El PICC (Catéter Central de Inserción Periférica) me fue colocado en mi brazo izquierdo el 12/03/24 por personal de enfermería del servicio de Hematología, en el H.U. Infanta Leonor. Es un tubo delgado y flexible que se introduce en una vena del brazo y llega hasta una vena grande cerca del corazón, utilizándose para tratamientos intravenosos prolongados como quimioterapia, antibióticos o nutrición parenteral, evitando canalizaciones frecuentes y protege el sistema vascular.



[6] La quimioterapia previa a un trasplante de médula ósea, llamada régimen de acondicionamiento, es un tratamiento de altas dosis de quimioterapia y/o radioterapia que destruye las células dañadas en la médula ósea, el cáncer y suprime el sistema inmunitario del paciente para permitir que las nuevas células madre trasplantadas se establezcan y no sean atacadas. Este proceso puede ser de intensidad alta (mieloablativo) o de intensidad reducida, dependiendo de la salud y edad del paciente, para preparar la médula ósea para recibir nuevas células madre sanas.



[7] La ciclofosmamida se usa después del trasplante de medula ósea para "depleción de células T in vivo", lo que significa que mata las células T del donante dentro del cuerpo para prevenir que ataquen los tejidos del receptor.



[8] El escorbuto es una enfermedad que ocurre cuando usted tiene una carencia grave de vitamina C (ácido ascórbico) en la alimentación.



[9] LOS INMUNOSUPRESORES - LA VIDA DESDE MI ATALAYA - Se puede leer en:

http://lavidadesdemiatalaya.blogspot.com/2025/09/los-inmunosupresores.html



[10] Se ve en resumen del “CONSENTIMIENTO INFORMADO” que los riesgos del trasplante son muchos y en consecuencia la medicación que ha de tomarse es abundante. En la hoja manuscrita del médico, previa al trasplante, ya me advierte que, tras el alta debía tomar tres litros de agua diarios y tomar treinta pastillas. El injerto y la medicación causan graves problemas renales. Si no se ingiere esa cantidad de agua, los problemas de salud son de una trascendencia vital. Así que, haga frio o calor, llueva o haya sequía, tanga ganas o no, desde septiembre 2024 intento tomar todo el líquido que pueda. Hay días, los menos que son 2 litros, y hay días, los más, que se acerca a 4 litros.























lunes, 8 de septiembre de 2025

LOS INMUNOSUPRESORES

 

Foto: 3 grajeas de ciclosporina, de 100mg, 50mg y 25mg.



  Me reitero: el 27 de septiembre de 2024 recibí una donación de médula ósea para intentar ponerle fin a la Leucemia Mieloide Aguda que me fuera diagnosticada en marzo de ese mismo año.

  Hoy puedo contar, tras año y medio de mierda, que creo ha pasado lo peor y veo algo de luz al final de  un túnel muy, muy oscuro y muy feo.

  También puedo explicar que parece sorprendente, pero me ha sido más sencillo transitar el túnel de la leucemia, con sus más de cien días de ingreso hospitalario y las 30 dosis de quimioterapia para el cuerpo con sus “dulces” efectos secundarios, que afrontar la recuperación del trasplante de médula, con un año de pelea desigual contra un enemigo invisible que ha intentado comerme por dentro.

  A quien quiera leerme y darse por aludido. También me he sentido más acompañado durante el cáncer; que palabra más horrible, que durante la recuperación del trasplante, una palabra que suena de entrada a victoria.

  Las cosas son así y no me duelen.

  Pero fue decir que me habían trasplantado, para que un gran número de amigos dejaran de preocuparse por mi situación y pensaran que lo peor ya había pasado, cuando esta no es la verdad de las cosas. No lo es para la mayoría de los trasplantados de médula y yo no iba a ser una excepción, no soy nada especial.

  Así que celebrando un año de trasplantado, voy a dejar en negro sobre blanco alguna de las experiencias vividas en este año.

  Hoy me voy a centrar en los INMUNOSUPRESORES, ya que al fin, dando un gigante paso adelante, que quiero celebrar con todos los que me lean, yo pago la siguiente ronda, tras este año de pelea ME LOS HAN QUITADO de la medicación crónica que he de tomar.

  No soy médico, ni farmacéutico, ni personal sanitario, a los que siempre, siempre, siempre hay que hacer caso y no a lo que nos encontramos en internet. Pero creerme, que en este tiempo llevo haciendo un máster en todas estas cosas, me va la vida en ello, y por eso me permito hablar de estos medicamentos.

  Los inmunosupresores son fármacos asociados a cualquier trasplante. Son medicamentos que disminuyen la actividad del sistema inmunitario de nuestro cuerpo. Se utilizan principalmente para evitar el rechazo de órganos trasplantados y para tratar enfermedades autoinmunes y alérgicas. Estos medicamentos actúan bloqueando, paralizando la respuesta de las células inmunitarias.

  Para un trasplante al uso de cómo nos lo imaginamos, de un órgano sólido, riñón, pulmón, etc, los inmunosupresores se utilizan para proteger al órgano trasplantado, ya que el sistema inmunológico del receptor lo entiende como un intruso. Estos medicamentos aplacan el sistema defensivo del trasplantado para que el órgano recibido sea aceptado. Lo normal en estos casos es que los inmunosupresores se conviertan en un medicamento crónico, a usar de por vida.

  Un trasplante de médula ósea es algo diferente. En primer lugar, no es ninguna operación, ya que el injerto se hace mediante una infusión sanguínea. Para entendernos, una simple transfusión de plasma que suele durar 15 minutos, teniendo un tratamiento previo de un antihistamínico convencional. Se puede sobreentender que no es de un órgano sólido que vaya a sufrir un rechazo.

  Todo lo contrario. El injerto (células madre) se convierte en el nuevo sistema inmunológico y el recetor del trasplante en su huésped. Son los órganos sólidos del huésped, riñones, hígado, estómago, etc., los que pueden ser atacados por el injerto trasplantado.

  En este caso, los inmunosupresores se utilizan para aplacar el trasplante recibido. Lo deseable, si sale todo bien, es que en la parte final del proceso de recuperación, estos fármacos no queden como crónicos y el injerto acepte a los órganos de huésped como propios.

  En otro momento os contare las lindezas que he pasado al sufrir el ataque de injerto contra huésped (EICH).

  En mi caso como trasplantado de medula me han sido suministrados dos tipos de inmunosupresores:

  El primero de ellos y que me fue retirado a los 3 meses del trasplante es un inmunosupresor con el principio activo micofenolato mofetilo, conocido comercialmente como CellCept. Pase por él sin más pena ni gloria que pueda comentar.

  El segundo y más dicharachero es un inmunosupresor con el principio activo ciclosporina, al que mis hematólogos directamente le califican como veneno. Me ayuda a sobrevivir, pero sus efectos secundarios son de lo más chachis.

  Me lo tomo así, como si no fuera para tanto, pero la cosa tiene su enjundia. El uso de ciclosporina está asociado con reacciones adversas muy serias y con interacciones muy desfavorables con otros medicamentos, ya que este principio activo, interactúa con una amplia variedad de fármacos y otras sustancias. Como curiosidad, es mala hasta para tomarte un simple zumo de pomelo.

  Empezando por el principio, la propia pastilla de 100 mg es como un supositorio de grande y tiene un intenso olor a hachís (conozco el olor por lo que me han contado). Tengo compañeros que deben partirla para ingerirla y que les repele ese olor tan fuerte. Ya de entrada, es molesta hasta para tomársela.

Vamos con los efectos secundarios testados:

- Aumenta el riesgo de infecciones, con un incremento en la vulnerabilidad a hongos y virus oportunistas. Esto hace que lleve aparejado el deber tomar antibióticos y antifúngicos a mansalva.

- Aumenta el riesgo de ciertos cánceres tipo linfomas y de piel, por lo que los enfermos que la tomamos debemos ir siempre muy bien protegidos contra los rayos solares.

- Puede causar presión arterial alta como que a mí me pasa desde que la tomo.

- Puede causar daños renales. Por eso debemos tomar un mínimo de tres litros diarios de agua, llueva, truene o haga calor durante todo el proceso.

- Aumento del vello en la cara, los brazos y la espalda. Y siempre diferente a como lo tenías antes de perderlo por la quimioterapia.

- Inflamación o crecimiento excesivo del tejido de las encías.

- Y alguna lindeza más, pero no quiero seguir aburriendo ni metiendo miedo.


   Está claro, son un puro veneno, necesario.

   He tomado cientos de dosis de ciclosporina desde que fui trasplantado en septiembre de 2024, y he gozado a tutiplén de todos sus efectos secundarios. Una maravilla.

  Mis hematólogos consideran en este momento del proceso, a +347 días del trasplante, que puedo dejar de tomar ciclosporina. Yo me lo tomo como una nueva batalla ganada a esta guerra desigual que llevo librando hace tiempo, y que sí, se me está haciendo larga.

Por eso quería contaros a quien nunca ha dejado de acompañarme y también a quien lo ha hecho esta pequeña victoria que me sabe a gloria. Me tomo a vuestra salud un refrescante zumo de pomelo ahora que puedo.


Carlos Elipe Pérez
+347


Pd.: Me gusta mucho el zumo de pomelo.

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lunes, 1 de septiembre de 2025

DIARIO DE UNA DONACIÓN


    Equipo de extracción por aféresis 

  En septiembre de 2024 fui receptor de una donación de médula ósea. Estoy celebrando ya un año como trasplantado.

  En mi caso, el acceso a la donación fue sencillo, ya que la donante es mi hermana y desde los primeros días tras haber sido diagnosticado de Leucemia, contaba con su complicidad y colaboración para tener esa donación.

  Pero la realidad en la mayoría de los enfermos de leucemia, 3 de cada 4, es que no tienen un donante emparentado que les dé una segunda oportunidad de vida. Por eso es fundamental que haya personas que quieran ser donantes de médula ósea. FUNDAMENTAL.

  Nos acordamos de Santa Bárbara solo cuando truena, yo el primero. Por eso me he decidido en hacer lo posible para que en mi entorno cercano y lejano si es menester, esté tronando de continuo y nos acordemos de las donaciones de medula a diario.

  Sé que soy un minúsculo granito de arena en el desierto, pero no necesito hacer que todo el mundo cambie, tan solo que quien me lee se conciencie, para que done vida. No se dona sangre o médula. SE DONA VIDA a alguien que no tiene esperanza.

  Contaros que de toda esta matraca, en mi cartera, “por mi culpa”, ya tengo un posible donante, al que acompañaré en todo momento cuando le comuniquen que hay un receptor compatible con él. Para mí esto ya es una pequeña victoria.

  Hoy, para seguir con el trabajo que tengo entre ceja y ceja, cuento con el impagable testimonio de mi hermano Ramiro, quien hace años se hizo donante de médula y en diciembre de 2023 le confirmaron que había un receptor compatible con él. A modo de diario nos explica el proceso físico y mental que supuso para sí la donación. Se entre lee en sus palabras la emoción y satisfacción que produce el hacer efectiva una donación de médula. 


  Hay que decirlo claro, necesito más Ramiros que quieran salvar la vida a otro ser humano. ¡¡Bravo Rami!!

Carlos Elipe Pérez
+340



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DIARIO DE UNA DONACIÓN 


Desde que soy mayor de edad he sido donante de sangre de manera habitual. Además, hace tiempo me hice donante de medula ósea, sin saber que esto, más tarde, se haría efectivo. A continuación cuento mi historia de cómo doné células madre para que fuera posible un trasplante de médula ósea a un paciente anónimo.

 

-20 diciembre de 2023 –

Hoy he recibido una llamada del Centro de Trasfusiones de la Comunidad de Madrid, diciéndome que hay un receptor de médula compatible conmigo. Lo hacen para volver a confirmar si estoy dispuesto a ser donante (hace tiempo que me apunté), y así, empezar con el proceso. Mi respuesta es un SI en mayúsculas.  Que alegra más grande y que emoción inunda todo mi ser.

Me citan el día 23 de diciembre en el Centro de Trasfusiones de la CAM en Valdevernardo para formalizar el procedimiento.  

 


-23 diciembre de 2023 –

Llego al Centro de Transfusiones por la mañana, con nervios, pero con muchísimas ganas de que comience la donación. Me atiende una doctora superencantadora, quien me informa que la medula va a ser destinada a un niño. Con esta noticia la emoción se agranda. Tras detallarme con claridad toda la información sobre en qué consiste la donación, me han hecho una analítica buscando confirmar de nuevo mi compatibilidad con el receptor. Me marcho a casa con un solo pensamiento: rezar para que la confirmación de compatibilidad sea positiva.

 


- 15 enero  de 2024 –

Los Reyes Magos me traen un regalo atrasado: recibo la llamada del Centro de Transfusiones donde me confirman que sigo siendo compatible al 100% con mi receptor. Qué alegría más grande. Me informan que destinatario de la donación está aún en tratamiento y que cuando termine este, será efectivo el trasplante de medula.

 


- 1 agosto de 2024 –

Tras varios meses con incertidumbres, la larga espera parece que ha llegado a su fin. Hoy recibo una llamada. Me citan el día 5 de agosto, de nuevo en el Centro de Transfusiones de la CAM y así arrancar de una vez el proceso de la donación de medula ósea. En este caso, me van a explicar los distintos métodos existentes para realizar la extracción de mis células madre. Parece que queda poco: qué contento estoy.

 


- 5 agosto de 2024 –

Llego al Centro Transfusiones de la CAM donde me recibe la doctora que coordina la donación. Me explica los dos métodos que hay para la extracción de la medula: uno es tipo diálisis, teniendo en una vena una vía de salida de mi sangre, que pasa por una máquina, encargada de recogerlas células madre y luego la sangre vuelve a mi organismo a través de otra vía.

El otro método es una pequeña operación quirúrgica, extrayendo las células directamente de la medula ósea, en este caso necesitando anestesia general y entrada en quirófano.

Me cuenta que hasta el mismo día de la extracción no sabremos el sistema que usarán.

 A mí la verdad, es que me da igual cómo se realice, MIENTRAS SE HAGA.

La próxima cita es el 10 de agosto, pero ya en el Hospital 12 de Octubre, donde iniciaré la preparación para la donación, incluido preoperatorio fuera necesario y finalmente se llevará a cabo la extracción. ¡Que ganas tengo de que llegue ese momento!

 


- 8 de agosto 2024 –

Hoy he recibido una llamada desde el Hospital, es un jarro de agua fría. El receptor, el niño, está en estado crítico, porque al dejarle a cero su medula para recibir la mía, ha empeorado muchísimo y se tiene que aplazar el trasplante. También, como es lógico se pospone mi preparación para la donación.

Me inunda una tristeza supergrande, aunque no pierdo la esperanza, como católico, que El Señor y la Señora le ayuden, y que el tratamiento que le van a poner al niño haga efecto.

 


- 25 de agosto de 2024 –

Los rezos a mis Titulares de la Hermandad de Los Gitanos de Madrid hacen efecto y el tratamiento que le han puesto al niño ha sido un éxito.

Hoy me han llamado del hospital para decirme que el niño está estable y que definitivamente se va a hacer el trasplante. Qué alegría me entra al escucharlo. Me citan el día 2 de septiembre en el hospital 12 de Octubre para iniciar, esta vez sí, el proceso.

 

 

- 2 de septiembre 2024 –

Hoy va a ser un buen día. Ya no queda nada para la donación. Llego puntual al hospital y así comenzar los preparativos previos a la extracción. 

Primero veo al doctor que va a dirigir la extracción. Me hace un gran cuestionario referente a mi historial clínico y el de mi familia.

La verdad que me siento muy seguro y feliz de la que voy hacer.

Después del cuestionario me explica en qué consisten unos inyectables que debo ponerme días antes de la extracción, que consiguen que mi cuerpo cree más células madre y que estas pasen de mi medula ósea en el interior de los huesos al torrente sanguíneo. Me explica detalladamente los posibles efectos secundarios que pueden provocarme, pero la verdad es que no me importan, porque el fin merece toda la pena.

A continuación me atiende un enfermero que me saca una analítica completa (diez  tubos de sangre), me toma la tensión, me hace un electrocardiograma  y por último me mide las venas de los brazos para ponerme ahí las dos vías el día de la extracción, una de entrada y otra de salida, descartando un catéter. Finalmente voy a rayos para hacerme una placa de tórax.

Todo está ok, el día 25 de septiembre será la extracción. ¡Que ganas de que llegue!

 

 

- 21 de septiembre 2024 –

Ya estoy en la recta final. Hoy empiezo a ponerme los inyectables. La verdad es que los nervios están empezando a salir, pero no me importa. Tengo muchas ganas de que llegue el momento de la extracción. Rezo al Señor y a la Señora para pedirles por el niño y por mí. El primer pinchazo, muy fácilmente,  ya está puesto. Así que empezamos la carrera.

 

 

- 22 de septiembre 2024 –

Ya llevo tres inyectables. Son fáciles de poner. Hoy me han aparecido leves efectos secundarios tras los pinchazos: me encuentro cansado.  En realidad no me importa porque estoy feliz. Qué lentos pasan los días, ojalá fuera la extracción mañana mismo.

 


- 23 de septiembre 2024 –

Hoy llevo cinco inyectables puestos, a razón de dos diarios.  Siguen saliendo más efectos secundarios: me están dando algunas taquicardias. No hay nada que temer, ya que esto simplemente es debido a las inyecciones y se pasaran cuando termine.

El cansancio se está haciendo más presente.  Solo pienso en que en dos días, será el gran día.

 

 

- 24 de septiembre 2024 –

Penúltimo día antes de la extracción. Los nervios empiezan hacerse hueco en los sentimientos nacidos de mi necesidad de donación, pero estos nervios son tan grandes como las ganas que tengo de que gracias a todo esto, el niño se cure.

He ido a ver a mis Titulares y pedirles que mañana todo salga bien, que no me dejen solo. Para mí es algo fundamental ir hoy a la Hermandad de Los Gitanos a la que pertenezco. Con solo ver sus caras, me calmo, me tranquilizo; como esa sensación no hay ninguna.

El cansancio muscular va en aumento, y siguen las taquicardias.  Pero la verdad es que no estoy ni preocupado, porque todo merece la pena con tal de que el niño se cure.

Ya en casa sigo muy nervioso, y a la vez con millones de ganas de que llegue mañana para culminar la donación.

 

 

- 25 de septiembre 2024 –

Por fin ha llegado el gran día. Qué emoción más grande me invade el alma.

Desayuno fuerte para coger fuerzas y me pongo ropa cómoda. Entro en el metro. En el reproductor suenan las marchas (procesionales) que más me gustan: “La saeta” y “Mi amargura”.  Durante el viaje repaso todo lo vivido y pienso en lo que va a pasar. Me emociona y un par de lágrimas caen de mis ojos.

Sin darme cuenta llego a la parada “Hospital 12 de Octubre”, vamos para allá.

En la puerta del hospital beso el escudo que luce en mi pecho, que no es otro que el que va en la ropa de La Estación de Penitencia en la Hermandad de Los Gitanos. Llevo puestas la camiseta y la sudadera.

Me dirijo a la unidad de Aféresis, planta baja. Estoy a un paso de que la donación.

La puerta está cerrada, llamo al timbre. Allí me está esperando el doctor con todo su equipo de enfermeras. Se interesa por mi estado de ánimo y paso a su consulta donde me explica que el método de extracción de mis células madre será por aféresis.

Resumido, me cogen una vía en cada brazo, por una sale mi sangre y por la otra entra de nuevo en mi organismo. Estas vías están conectadas a una máquina, que es capaz de separar las células madre de la sangre y depositarlas en una bolsa.

También me explica que la extracción va a durar más o menos cinco horas. De manera detallada me cuenta que estaré perfectamente atendido por un equipo que hace este proceso a menudo. Además, me detalla las posibles contraindicaciones, como calambres por perdida de calcio, mareos, vómitos, arritmias. Tengo el pensamiento fijo en el niño y en que se cure, todo lo que me cuenta no me hace dar ni un paso atrás.

Ya estoy tumbado en la camilla, las enfermeras inician su trabajo.  Primero un brazo, después el otro. Arranca la extracción, la sangre empieza a pasar por la máquina. Soy hipocondriaco, mucho y esto la verdad que no ayuda. La primera vez que retorna la sangre me resulta un poco desagradable, la han puesto anticoagulante.

Una sonrisa se dibuja en mi cara pensando en el receptor. Cierro los ojos y me imagino a un niño cualquiera, abrazando a sus padres y eso hace que todo pase bien, que todo merezca la pena.

Ya llevo un par de horas y tengo algunos calambres, me duele, pero no me importa.  Veo como poco a poco la bolsa de la donación se va llenando y mi alegría también se incrementa.

El doctor y las enfermeras están en todo momento pendientes de mí, me siento muy arropado por ellos. La verdad es que son un equipo excelente.

Cada vez falta menos para terminar la extracción. La emoción vuelve a apoderarse de mí, al pensar que dentro de poco el niño tendrá sus nuevas células madre.

Viene la enfermera sonriendo a decirme que casi hemos terminado, que faltan solo diez minutos. Al poco la máquina pita, miro la bolsa que está llena.

Las enfermeras vienen a quitarme las vías. Me sorprenden dándome la enhorabuena por lo que acabo de hacer: dar una nueva oportunidad de vida a un niño sin siquiera conocerle. Noto la felicidad en el ambiente.

Me cuentan que ahora van a enviar la muestra extraída al laboratorio, para saber si las células madre que he donado son suficientes, o no y debemos repetir el proceso mañana. Tardarán una hora.

Mientras espero me voy a la cafetería a tomar algo. La verdad es que me duele todo el cuerpo, pero cada vez que lo pienso, solo me quedo con todo lo bueno.

Trascurrida la hora, vuelvo al departamento de aféresis. El médico sonriente me da la enhorabuena, se han donado 7,5 millones de células madre, más que suficiente para llevar a cabo el trasplante, donde necesitan unos 5 millones. Me explica que esto ha sido gracias a que me he puesto bien todos los inyectables días atrás.  Los 2,5 millones de células restantes los dono para investigación. El médico me pregunta cuál sería mi respuesta si el paciente decae y necesitan más células madre o plaquetas. Yo le respondo sin pensármelo dos veces; aquí estoy para lo que el niño necesite y pongo mi firma en los documentos que me presenta para que sea oficial.

Por mi parte el proceso ha terminado y me puedo ir a casa. Ahora toca recuperarme.

                 

                                          

- 26 de septiembre 2024 –

Me levanto con dolores en el cuerpo y mucho cansancio pero muy feliz. Estoy asumiendo todo lo que he hecho y la importancia que tiene.

No es falsa modestia, me siento muy orgulloso de lo que he hecho y de haber podido dar una oportunidad de vida a alguien, aunque no le conozca.

Ahora me queda rezar a mis Titulares para que el niño salga adelante y pueda recuperarse de esta maldita enfermedad y si por el motivo que sea, vuelve a necesitar mi ayuda voy a estar dispuesto a prestársela

También me queda agradecerle a toda la gente que me ha apoyado, especialmente a mis padres, Javier y María y a mi pareja, María José Sánchez Hermida "Mari", que han estado de principio a fin, cuidándome en todo momento.

Ramiro Viscasillas Moraleda.



SEPIEMBRE 2025



lunes, 28 de abril de 2025

TODOS LOS MEDIOS A TU SERVICIO



  Vuelvo a la carga y siempre sobre los mismos pasos. Escribir en primera persona sobre mi experiencia, no fuera el caso que alguien en mi situación pudiera servirle.

  Enfermo de leucemia, la vida transcurre a una velocidad más lenta que la de cualquiera. Esto te permite parar y ver cosas que, en el ajetreo del día a día, ni siquiera reparas.

  Tener buena actitud, ver el vaso siempre medio lleno, sacar de las noticias que te dan los médicos siempre cosas positivas es fundamental. En el mismo momento en el que dieron el diagnóstico definitivo, pensé que me iba a curar.

  Lo que no sospechaba es todas las cosas buenas que iban a pasarme. En primer lugar, te conviertes en una rock and roll star, centro de atención de familiares y amigos que se vuelcan en ti, y nunca te van a dejar solo durante el proceso, dure lo que dure. También filtras; se delata quien nunca va a estar en ese lado de a cuerda.

  Hay que tener una cierta precaución con esto. Un enfermo y más de cáncer termina por ser un tanto egoísta, un pequeño rey sol, apartado de otras preocupaciones que no sea curarse, cuando la vida de los demás no se para y cada uno de los que te rodea también tiene sus propios problemas.

  Llegados a este punto, lo que pretendo con este artículo es contarte, si enfermas de cáncer, que, si hay una opción de curación, esta va a ser viable ya que se va a poner a tu servicio un sistema sanitario público gigantesco, con todos los medios necesarios.

  Como lo sé, a mí me ha pasado. He reordenado todos y cada uno de esos servicios por donde he pasado en el último año. Si alguien enferma como yo, puede estar seguro que estos mismos estarán a su disposición para que recupere la salud.

  Esta es mi experiencia, que te cuento en primera persona, de los medios que podrás disfrutar para salvarte la vida. Arranco con la Doctora de Atención Primaria, quien tras ver una analítica puso en marcha toda esta maquinaria enviándome “de urgencias” al hospital.

  Si tienes que ser ingresado, tendrás un hospital entero a tu disposición. En mi caso he tenido tres: el hospital Infanta Leonor, el antiguo Hospital 12 de Octubre y, desde el mes de octubre, el nuevo hospital del 12 Octubre, con unas instalaciones que parecen una nave espacial con sus 100 metros de pasillo. En los tres, debido a mi necesidad de aislamiento, en habitación individual a todo lujo.

 


  Tendrás disponible 24/7 el Servicio de Urgencias del hospital, las veces que sea necesario. En mi caso, me han atendido varias veces, incluido su hospital de preingresos, previo a la asignación de una habitación de hospitalización.


  Confirmado el diagnóstico tras una analítica en Medicina Interna, entra en juego el Servicio de Hematología del hospital que te corresponda, al completo, con médicos, enfermería, auxiliares, celadores y personal de limpieza, tratándote 24 horas al día, 7 días a la semana. En esta planta les veras usar sus carros de medición de constantes (presión arterial, saturación, etc), Tablet donde el personal sanitario traspasa los datos a tu historial médico, o bombas para administrar medicación como la quimio vía PIC y utilizaran contigo por miles, sin límite, bienes tangibles de usar y tirar como guantes, mascarillas, calzas o batas, Son baratos, es cierto, pero cada persona que se acercaba a mí, en cada ocasión, ha usado unos guantes nuevos. En este año han sido cientos de personas, cientos de veces, usando miles de guantes.

  No estando ingresado, también serás atendido desde el servicio en consultas externas.


  Visitarás el Hospital de Día, donde se pasan muchas revisiones de chapa y pintura, tras ser dado de alta del hospital. Aprovecho para darle las gracias a los administrativos de este servicio que me ha ayudado siempre a gestionar tantas vistas y que, de cara al público, delante de mí, muchas veces han sido tratados “a patadas” por una caterva de gente que nunca entenderá su trabajo.


  Pasarás por Extracciones. No solo de sangre. Me han realizado tantas biopsias medulares que tengo la cresta ilíaca como un queso emmental.


  Banco de Sangre. Vas a recibir infinidad de transfusiones de sangre y plaquetas. En el hospital Infanta Leonor, al no disponer de banco de sangre, las bolsas llegan directamente del centro de transfusiones de la CAM. Ya sabéis: DONAR SANGRE, DONAR SANGRE, DONAR SANGRE, DONAR SANGRE, ¡DONAR SANGRE QUE YO NO PUEDO! Lo seguiré gritando mientras siga en pie, hasta setenta veces siete si fuera necesario.


  El Servicio de Farmacia. No solo los infinitos medicamentos que te suministran estando ingresado, como las quimioterapias, también medicación de todo tipo que tendrás disponible cuando estés en casa, alguna muy cara, y que es facilitada de manera gratuita por este servicio.


 Radiología. Te harán innumerables placas, tanto acudiendo al servicio como llevando a tu habitación de aislamiento unidades portátiles para hacerlas. También resonancias magnéticas de contraste en máquinas casi galácticas para comprobar, entre otros, el hígado y el sistema digestivo. Don Amancio, un placer haber probado “sus máquinas”.

  Equipo de Resonancia Magnética similar al del 12 de Octubre donde me hicieron todas las pruebas.





  Cardiología. Hay que superar los tratamientos de quimioterapia y el aluvión de antibióticos que vas a tomar, por lo que te realizarán todo tipo de pruebas cardiacas, como electrocardiogramas o ecografías para comprobar el estado del corazón.

  En la imagen, el ecógrafo SonoScape S11 Plus con un precio neto de 8.749€, similar al que usaran para estas pruebas.

     


  Radiodiagnóstico. No confundir con resonancias magnéticas. En este caso hablamos de que te harán tantos Tac como sean necesarios. En mi caso, pasé tres veces por la máquina que tiene este servicio en el hospital Infanta Leonor, y que me recordaba la puerta de la película Stargate de 1994, como podéis ver en la siguiente imagen.




  Departamento de Aféresis. Este servicio es usado en el caso de tener que recibir una donación de médula ósea. Es mi caso: hemos sido tratados, tanto como mi dónate para extraerle las células madre necesarias para el trasplante de médula, como yo en un tratamiento llamado “fotoaferesis”, una especie de diálisis donde se tratan las células extraídas con rayos UVA.

  En la imagen, máquina para el tratamiento de fotoaféreis con un precio aproximado de 15.000 €. Además, hay que contar que el kit de extracción es nuevo en casa sesión, de usar y tirar,
 costando también una barbaridad. En mi caso he recibido más de 20 sesiones.




  Servicio de Otorrinolaringología. Desde te controlan y tratan secuelas en la garganta derivadas de la leucemia. No te voy a contar que una lamparita se introduce por la nariz para llegar a la garganta; eso descúbrelo por ti mismo si te pasa.


  Servicio de Endocrinología. Debido a los tratamientos farmacológicos, puede descontrolarse el azúcar en sangre. Espero que no tengas que tomar corticoides. Siempre contando mi experiencia, que ha derivado en el uso de insulina.

  La médula ósea es el epicentro del tratamiento de quimioterapia. A mi me están haciendo un seguimiento a largo plazo en este servicio para comprobar que no hay alteraciones y no aparece, por ejemplo, osteoporosis.


  Nutricionistas. Cuando aprietan las quimioterapias y no puedas comer, desde este servicio te preparan un menú parenteral personalizado que te permitirá una buena alimentación e hidratación, aunque se suba el azúcar.


  Servicios de Psicología, que te atenderán a ti y a tus familiares o acompañantes en los momentos más difíciles del tratamiento. Y lo hacen los servicios del propio hospital o los voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer.


  Alergología. En este caso, vuelvo a mi propia experiencia. Siéndome administrada tanta medicación, han descubierto en este servicio que tengo alergia a algunos antibióticos, cuestión importante que deben saber los hematólogos para no usarlos y no generar más problemas de los que ya tengo.


  Dermatología. La quimioterapia abrasa la piel. Si lo necesitas, este servicio te hará un seguimiento exhaustivo. La marca en la pierna que me ha dejado la biopsia será el tatuaje que me recuerde estos días.


  Medicina Preventiva o Vacunación. Un trasplantado pierde el sistema inmunológico y con él las vacunas que le han sido puestas a lo largo de la vida. Retomarás un calendario de vacunaciones para volver a tener esa protección tan necesaria.


  Oftalmología. No sé si es la edad, el tratamiento, los días de ingreso sin luz natural o la necesidad del uso del móvil para estar enganchado al exterior lo que hace que se pierda visión. En mi caso, un poco de todo y eso haya derivado en tener que pasar por este servicio para tenerla controlada.


  Hepatología. Uno de los efectos posibles en un trasplante de médula ósea es lo que llaman EICH “pelea injerto contra huésped”. Yo espero que no te pase; no leas por ahí lo que supone. Como a mí sí me ha pasado, en este servicio me han tratado para realizarme una biopsia de hígado.


  Servicios de Mantenimiento. Durante el tiempo que pases ingresado podrás llegar a ver como hacen mediciones de la calidad del agua o del aire.

  Máquina para medir la calidad del aire de mi habitación en el hospital 12 de Octubre en marzo de 2025.




   La Cocina. Parecerá baladí, pero te darán de comer cuatro veces al día un menú personalizado todos los días de ingreso. Puedo contar que se come mejor en el 12 de Octubre que en el Infanta Leonor, donde la comida es manifiestamente mejorable.


  Lavandería. Ni te tendrás que preocupar por la ropa que te pones ni por hacerte la cama. Todo son ventajas al respecto.


  Servicios de Ambulancia. Esto sí es un mundo que no conoces. Si no tienes cómo acudir a las citas por tus medios, dispondrás de un servicio de ambulancias puerta a puerta. Si lo usas a menudo, conocerás al mismísimo Emerson Fittipaldi o a quien no le hace caso al GPS y te da una vuelta de manera innecesaria.

   
  Capellanía. Por último pero en mi caso importante, también he usado este servicio.


  ¿Cuánto vale una vida? La mía no tiene precio, la tuya tampoco.

  Si enfermas de leucemia o de cáncer, todo este despliegue de medios y servicios está a tu disposición. Si hay una opción de curarse, todo esto que te he contado estará para ti.


Carlos Elipe Pérez
Madrid, 28 de abril de 2025
Día +222



- Sígueme en Instagram: @carlos.elipe.perez

 


 Pd: Artículo escrito para ser leído en una pantalla de formato mínimo de 6 pulgadas (15 cm).

 

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