Equipo de extracción por aféresis
En septiembre de 2024 fui receptor de una donación de médula ósea. Estoy celebrando ya un año como trasplantado.
En mi caso, el acceso a la donación fue sencillo, ya que la donante es mi hermana y desde los primeros días tras haber sido diagnosticado de Leucemia, contaba con su complicidad y colaboración para tener esa donación.
Pero la realidad en la mayoría de los enfermos de leucemia, 3 de cada 4, es que no tienen un donante emparentado que les dé una segunda oportunidad de vida. Por eso es fundamental que haya personas que quieran ser donantes de médula ósea. FUNDAMENTAL.
Nos acordamos de Santa Bárbara solo cuando truena, yo el primero. Por eso me he decidido en hacer lo posible para que en mi entorno cercano y lejano si es menester, esté tronando de continuo y nos acordemos de las donaciones de medula a diario.
Sé que soy un minúsculo granito de arena en el desierto, pero no necesito hacer que todo el mundo cambie, tan solo que quien me lee se conciencie, para que done vida. No se dona sangre o médula. SE DONA VIDA a alguien que no tiene esperanza.
Contaros que de toda esta matraca, en mi cartera, “por mi culpa”, ya tengo un posible donante, al que acompañaré en todo momento cuando le comuniquen que hay un receptor compatible con él. Para mí esto ya es una pequeña victoria.
Hoy, para seguir con el trabajo que tengo entre ceja y ceja, cuento con el impagable testimonio de mi hermano Ramiro, quien hace años se hizo donante de médula y en diciembre de 2023 le confirmaron que había un receptor compatible con él. A modo de diario nos explica el proceso físico y mental que supuso para sí la donación. Se entre lee en sus palabras la emoción y satisfacción que produce el hacer efectiva una donación de médula.
Hay que decirlo claro, necesito más Ramiros que quieran salvar la vida a otro ser humano. ¡¡Bravo Rami!!
Carlos Elipe Pérez
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DIARIO DE UNA DONACIÓN
Desde que soy mayor de edad he sido
donante de sangre de manera habitual. Además, hace tiempo me hice donante de
medula ósea, sin saber que esto, más tarde, se haría efectivo. A continuación
cuento mi historia de cómo doné células madre para que fuera posible un
trasplante de médula ósea a un paciente anónimo.
-20
diciembre de 2023 –
Hoy he recibido una llamada del Centro
de Trasfusiones de la Comunidad de Madrid, diciéndome que hay un receptor de médula
compatible conmigo. Lo hacen para volver a confirmar si estoy dispuesto a ser
donante (hace tiempo que me apunté), y así, empezar con el proceso. Mi
respuesta es un SI en mayúsculas. Que
alegra más grande y que emoción inunda todo mi ser.
Me citan el día 23 de diciembre en el Centro
de Trasfusiones de la CAM en Valdevernardo para formalizar el procedimiento.
-23
diciembre de 2023 –
Llego al Centro de Transfusiones por la
mañana, con nervios, pero con muchísimas ganas de que comience la donación. Me atiende
una doctora superencantadora, quien me informa que la medula va a ser destinada
a un niño. Con esta noticia la emoción se agranda. Tras detallarme con
claridad toda la información sobre en qué consiste la donación, me han hecho
una analítica buscando confirmar de nuevo mi compatibilidad con el receptor. Me
marcho a casa con un solo pensamiento: rezar para que la confirmación de
compatibilidad sea positiva.
-
15 enero de 2024 –
Los Reyes Magos me traen un regalo
atrasado: recibo la llamada del Centro de Transfusiones donde me confirman que sigo
siendo compatible al 100% con mi receptor. Qué alegría más grande. Me informan
que destinatario de la donación está aún en tratamiento y que cuando termine
este, será efectivo el trasplante de medula.
- 1
agosto de 2024 –
Tras varios meses con incertidumbres, la
larga espera parece que ha llegado a su fin. Hoy recibo una llamada. Me citan
el día 5 de agosto, de nuevo en el Centro de Transfusiones de la CAM y así
arrancar de una vez el proceso de la donación de medula ósea. En este caso, me van
a explicar los distintos métodos existentes para realizar la extracción de mis
células madre. Parece que queda poco: qué contento estoy.
-
5 agosto de 2024 –
Llego al Centro Transfusiones de la CAM
donde me recibe la doctora que coordina la donación. Me explica los dos métodos
que hay para la extracción de la medula: uno es tipo diálisis, teniendo en una
vena una vía de salida de mi sangre, que pasa por una máquina, encargada de
recogerlas células madre y luego la sangre vuelve a mi organismo a través de
otra vía.
El otro método es una pequeña operación
quirúrgica, extrayendo las células directamente de la medula ósea, en este caso
necesitando anestesia general y entrada en quirófano.
Me cuenta que hasta el mismo día de la extracción
no sabremos el sistema que usarán.
A
mí la verdad, es que me da igual cómo se realice, MIENTRAS SE HAGA.
La próxima cita es el 10 de agosto, pero
ya en el Hospital 12 de Octubre, donde iniciaré la preparación para la donación,
incluido preoperatorio fuera necesario y finalmente se llevará a cabo la extracción.
¡Que ganas tengo de que llegue ese momento!
-
8 de agosto 2024 –
Hoy he recibido una llamada desde el
Hospital, es un jarro de agua fría. El receptor, el niño, está en estado crítico,
porque al dejarle a cero su medula para recibir la mía, ha empeorado muchísimo
y se tiene que aplazar el trasplante. También, como es lógico se pospone mi
preparación para la donación.
Me inunda una tristeza supergrande,
aunque no pierdo la esperanza, como católico, que El Señor y la Señora le
ayuden, y que el tratamiento que le van a poner al niño haga efecto.
-
25 de agosto de 2024 –
Los rezos a mis Titulares de la
Hermandad de Los Gitanos de Madrid hacen efecto y el tratamiento que le han
puesto al niño ha sido un éxito.
Hoy me han llamado del hospital para
decirme que el niño está estable y que definitivamente se va a hacer el
trasplante. Qué alegría me entra al escucharlo. Me citan el día 2 de septiembre
en el hospital 12 de Octubre para iniciar, esta vez sí, el proceso.
-
2 de septiembre 2024 –
Hoy va a ser un buen día. Ya no queda
nada para la donación. Llego puntual al hospital y así comenzar los
preparativos previos a la extracción.
Primero veo al doctor que va a dirigir la
extracción. Me hace un gran cuestionario referente a mi historial clínico y el
de mi familia.
La verdad que me siento muy seguro y
feliz de la que voy hacer.
Después del cuestionario me explica en
qué consisten unos inyectables que debo ponerme días antes de la extracción,
que consiguen que mi cuerpo cree más células madre y que estas pasen de mi
medula ósea en el interior de los huesos al torrente sanguíneo. Me explica detalladamente
los posibles efectos secundarios que pueden provocarme, pero la verdad es que
no me importan, porque el fin merece toda la pena.
A continuación me atiende un enfermero
que me saca una analítica completa (diez tubos de sangre), me toma la tensión, me hace un
electrocardiograma y por último me mide
las venas de los brazos para ponerme ahí las dos vías el día de la extracción, una
de entrada y otra de salida, descartando un catéter. Finalmente voy a rayos para
hacerme una placa de tórax.
Todo está ok, el día 25 de septiembre será
la extracción. ¡Que ganas de que llegue!
-
21 de septiembre 2024 –
Ya estoy en la recta final. Hoy empiezo
a ponerme los inyectables. La verdad es que los nervios están empezando a
salir, pero no me importa. Tengo muchas ganas de que llegue el momento de la
extracción. Rezo al Señor y a la Señora para pedirles por el niño y por mí. El
primer pinchazo, muy fácilmente, ya está
puesto. Así que empezamos la carrera.
-
22 de septiembre 2024 –
Ya llevo tres inyectables. Son fáciles
de poner. Hoy me han aparecido leves efectos secundarios tras los pinchazos: me
encuentro cansado. En realidad no me
importa porque estoy feliz. Qué lentos pasan los días, ojalá fuera la
extracción mañana mismo.
-
23 de septiembre 2024 –
Hoy llevo cinco inyectables puestos, a
razón de dos diarios. Siguen saliendo
más efectos secundarios: me están dando algunas taquicardias. No hay nada que
temer, ya que esto simplemente es debido a las inyecciones y se pasaran cuando
termine.
El cansancio se está haciendo más presente. Solo pienso en que en dos días, será el gran
día.
-
24 de septiembre 2024 –
Penúltimo día antes de la extracción. Los
nervios empiezan hacerse hueco en los sentimientos nacidos de mi necesidad de
donación, pero estos nervios son tan grandes como las ganas que tengo de que
gracias a todo esto, el niño se cure.
He ido a ver a mis Titulares y pedirles
que mañana todo salga bien, que no me dejen solo. Para mí es algo fundamental ir
hoy a la Hermandad de Los Gitanos a la que pertenezco. Con solo ver sus caras,
me calmo, me tranquilizo; como esa sensación no hay ninguna.
El cansancio muscular va en aumento, y
siguen las taquicardias. Pero la verdad
es que no estoy ni preocupado, porque todo merece la pena con tal de que el
niño se cure.
Ya en casa sigo muy nervioso, y a la vez
con millones de ganas de que llegue mañana para culminar la donación.
-
25 de septiembre 2024 –
Por fin ha llegado el gran día. Qué
emoción más grande me invade el alma.
Desayuno fuerte para coger fuerzas y me
pongo ropa cómoda. Entro en el metro. En el reproductor suenan las marchas
(procesionales) que más me gustan: “La saeta” y “Mi amargura”. Durante el viaje repaso todo lo vivido y
pienso en lo que va a pasar. Me emociona y un par de lágrimas caen de mis ojos.
Sin darme cuenta llego a la parada “Hospital
12 de Octubre”, vamos para allá.
En la puerta del hospital beso el escudo
que luce en mi pecho, que no es otro que el que va en la ropa de La Estación de
Penitencia en la Hermandad de Los Gitanos. Llevo puestas la camiseta y la
sudadera.
Me dirijo a la unidad de Aféresis,
planta baja. Estoy a un paso de que la donación.
La puerta está cerrada, llamo al timbre.
Allí me está esperando el doctor con todo su equipo de enfermeras. Se interesa
por mi estado de ánimo y paso a su consulta donde me explica que el método de
extracción de mis células madre será por aféresis.
Resumido, me cogen una vía en cada
brazo, por una sale mi sangre y por la otra entra de nuevo en mi organismo.
Estas vías están conectadas a una máquina, que es capaz de separar las células
madre de la sangre y depositarlas en una bolsa.
También me explica que la extracción va
a durar más o menos cinco horas. De manera detallada me cuenta que estaré perfectamente
atendido por un equipo que hace este proceso a menudo. Además, me detalla las
posibles contraindicaciones, como calambres por perdida de calcio, mareos, vómitos,
arritmias. Tengo el pensamiento fijo en el niño y en que se cure, todo lo que
me cuenta no me hace dar ni un paso atrás.
Ya estoy tumbado en la camilla, las
enfermeras inician su trabajo. Primero
un brazo, después el otro. Arranca la extracción, la sangre empieza a pasar por
la máquina. Soy hipocondriaco, mucho y esto la verdad que no ayuda. La primera
vez que retorna la sangre me resulta un poco desagradable, la han puesto
anticoagulante.
Una sonrisa se dibuja en mi cara pensando
en el receptor. Cierro los ojos y me imagino a un niño cualquiera, abrazando a
sus padres y eso hace que todo pase bien, que todo merezca la pena.
Ya llevo un par de horas y tengo algunos
calambres, me duele, pero no me importa.
Veo como poco a poco la bolsa de la donación se va llenando y mi alegría
también se incrementa.
El doctor y las enfermeras están en todo
momento pendientes de mí, me siento muy arropado por ellos. La verdad es que
son un equipo excelente.
Cada vez falta menos para terminar la
extracción. La emoción vuelve a apoderarse de mí, al pensar que dentro de poco
el niño tendrá sus nuevas células madre.
Viene la enfermera sonriendo a decirme
que casi hemos terminado, que faltan solo diez minutos. Al poco la máquina
pita, miro la bolsa que está llena.
Las enfermeras vienen a quitarme las vías.
Me sorprenden dándome la enhorabuena por lo que acabo de hacer: dar una nueva
oportunidad de vida a un niño sin siquiera conocerle. Noto la felicidad en el
ambiente.
Me cuentan que ahora van a enviar la muestra
extraída al laboratorio, para saber si las células madre que he donado son
suficientes, o no y debemos repetir el proceso mañana. Tardarán una hora.
Mientras espero me voy a la cafetería a
tomar algo. La verdad es que me duele todo el cuerpo, pero cada vez que lo
pienso, solo me quedo con todo lo bueno.
Trascurrida la hora, vuelvo al
departamento de aféresis. El médico sonriente me da la enhorabuena, se han
donado 7,5 millones de células madre, más que suficiente para llevar a cabo el
trasplante, donde necesitan unos 5 millones. Me explica que esto ha sido
gracias a que me he puesto bien todos los inyectables días atrás. Los 2,5 millones de células restantes los dono
para investigación. El médico me pregunta cuál sería mi respuesta si el
paciente decae y necesitan más células madre o plaquetas. Yo le respondo sin
pensármelo dos veces; aquí estoy para lo que el niño necesite y pongo mi firma
en los documentos que me presenta para que sea oficial.
Por mi parte el proceso ha terminado y
me puedo ir a casa. Ahora toca recuperarme.
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26 de septiembre 2024 –
Me levanto con dolores en el cuerpo y
mucho cansancio pero muy feliz. Estoy asumiendo todo lo que he hecho y la importancia
que tiene.
No es falsa modestia, me siento muy
orgulloso de lo que he hecho y de haber podido dar una oportunidad de vida a
alguien, aunque no le conozca.
Ahora me queda rezar a mis Titulares
para que el niño salga adelante y pueda recuperarse de esta maldita enfermedad
y si por el motivo que sea, vuelve a necesitar mi ayuda voy a estar dispuesto a
prestársela
También me queda agradecerle a toda la
gente que me ha apoyado, especialmente a mis padres, Javier y María y a mi pareja, María José Sánchez Hermida "Mari", que han estado
de principio a fin, cuidándome en todo momento.
Ramiro Viscasillas Moraleda.
SEPIEMBRE 2025