lunes, 8 de septiembre de 2025

LOS INMUNOSUPRESORES

 

Foto: 3 grajeas de ciclosporina, de 100mg, 50mg y 25mg.



  Me reitero: el 27 de septiembre de 2024 recibí una donación de médula ósea para intentar ponerle fin a la Leucemia Mieloide Aguda que me fuera diagnosticada en marzo de ese mismo año.

  Hoy puedo contar, tras año y medio de mierda, que creo ha pasado lo peor y veo algo de luz al final de  un túnel muy, muy oscuro y muy feo.

  También puedo explicar que parece sorprendente, pero me ha sido más sencillo transitar el túnel de la leucemia, con sus más de cien días de ingreso hospitalario y las 30 dosis de quimioterapia para el cuerpo con sus “dulces” efectos secundarios, que afrontar la recuperación del trasplante de médula, con un año de pelea desigual contra un enemigo invisible que ha intentado comerme por dentro.

  A quien quiera leerme y darse por aludido. También me he sentido más acompañado durante el cáncer; que palabra más horrible, que durante la recuperación del trasplante, una palabra que suena de entrada a victoria.

  Las cosas son así y no me duelen.

  Pero fue decir que me habían trasplantado, para que un gran número de amigos dejaran de preocuparse por mi situación y pensaran que lo peor ya había pasado, cuando esta no es la verdad de las cosas. No lo es para la mayoría de los trasplantados de médula y yo no iba a ser una excepción, no soy nada especial.

  Así que celebrando un año de trasplantado, voy a dejar en negro sobre blanco alguna de las experiencias vividas en este año.

  Hoy me voy a centrar en los INMUNOSUPRESORES, ya que al fin, dando un gigante paso adelante, que quiero celebrar con todos los que me lean, yo pago la siguiente ronda, tras este año de pelea ME LOS HAN QUITADO de la medicación crónica que he de tomar.

  No soy médico, ni farmacéutico, ni personal sanitario, a los que siempre, siempre, siempre hay que hacer caso y no a lo que nos encontramos en internet. Pero creerme, que en este tiempo llevo haciendo un máster en todas estas cosas, me va la vida en ello, y por eso me permito hablar de estos medicamentos.

  Los inmunosupresores son fármacos asociados a cualquier trasplante. Son medicamentos que disminuyen la actividad del sistema inmunitario de nuestro cuerpo. Se utilizan principalmente para evitar el rechazo de órganos trasplantados y para tratar enfermedades autoinmunes y alérgicas. Estos medicamentos actúan bloqueando, paralizando la respuesta de las células inmunitarias.

  Para un trasplante al uso de cómo nos lo imaginamos, de un órgano sólido, riñón, pulmón, etc, los inmunosupresores se utilizan para proteger al órgano trasplantado, ya que el sistema inmunológico del receptor lo entiende como un intruso. Estos medicamentos aplacan el sistema defensivo del trasplantado para que el órgano recibido sea aceptado. Lo normal en estos casos es que los inmunosupresores se conviertan en un medicamento crónico, a usar de por vida.

  Un trasplante de médula ósea es algo diferente. En primer lugar, no es ninguna operación, ya que el injerto se hace mediante una infusión sanguínea. Para entendernos, una simple transfusión de plasma que suele durar 15 minutos, teniendo un tratamiento previo de un antihistamínico convencional. Se puede sobreentender que no es de un órgano sólido que vaya a sufrir un rechazo.

  Todo lo contrario. El injerto (células madre) se convierte en el nuevo sistema inmunológico y el recetor del trasplante en su huésped. Son los órganos sólidos del huésped, riñones, hígado, estómago, etc., los que pueden ser atacados por el injerto trasplantado.

  En este caso, los inmunosupresores se utilizan para aplacar el trasplante recibido. Lo deseable, si sale todo bien, es que en la parte final del proceso de recuperación, estos fármacos no queden como crónicos y el injerto acepte a los órganos de huésped como propios.

  En otro momento os contare las lindezas que he pasado al sufrir el ataque de injerto contra huésped (EICH).

  En mi caso como trasplantado de medula me han sido suministrados dos tipos de inmunosupresores:

  El primero de ellos y que me fue retirado a los 3 meses del trasplante es un inmunosupresor con el principio activo micofenolato mofetilo, conocido comercialmente como CellCept. Pase por él sin más pena ni gloria que pueda comentar.

  El segundo y más dicharachero es un inmunosupresor con el principio activo ciclosporina, al que mis hematólogos directamente le califican como veneno. Me ayuda a sobrevivir, pero sus efectos secundarios son de lo más chachis.

  Me lo tomo así, como si no fuera para tanto, pero la cosa tiene su enjundia. El uso de ciclosporina está asociado con reacciones adversas muy serias y con interacciones muy desfavorables con otros medicamentos, ya que este principio activo, interactúa con una amplia variedad de fármacos y otras sustancias. Como curiosidad, es mala hasta para tomarte un simple zumo de pomelo.

  Empezando por el principio, la propia pastilla de 100 mg es como un supositorio de grande y tiene un intenso olor a hachís (conozco el olor por lo que me han contado). Tengo compañeros que deben partirla para ingerirla y que les repele ese olor tan fuerte. Ya de entrada, es molesta hasta para tomársela.

Vamos con los efectos secundarios testados:

- Aumenta el riesgo de infecciones, con un incremento en la vulnerabilidad a hongos y virus oportunistas. Esto hace que lleve aparejado el deber tomar antibióticos y antifúngicos a mansalva.

- Aumenta el riesgo de ciertos cánceres tipo linfomas y de piel, por lo que los enfermos que la tomamos debemos ir siempre muy bien protegidos contra los rayos solares.

- Puede causar presión arterial alta como que a mí me pasa desde que la tomo.

- Puede causar daños renales. Por eso debemos tomar un mínimo de tres litros diarios de agua, llueva, truene o haga calor durante todo el proceso.

- Aumento del vello en la cara, los brazos y la espalda. Y siempre diferente a como lo tenías antes de perderlo por la quimioterapia.

- Inflamación o crecimiento excesivo del tejido de las encías.

- Y alguna lindeza más, pero no quiero seguir aburriendo ni metiendo miedo.


   Está claro, son un puro veneno, necesario.

   He tomado cientos de dosis de ciclosporina desde que fui trasplantado en septiembre de 2024, y he gozado a tutiplén de todos sus efectos secundarios. Una maravilla.

  Mis hematólogos consideran en este momento del proceso, a +347 días del trasplante, que puedo dejar de tomar ciclosporina. Yo me lo tomo como una nueva batalla ganada a esta guerra desigual que llevo librando hace tiempo, y que sí, se me está haciendo larga.

Por eso quería contaros a quien nunca ha dejado de acompañarme y también a quien lo ha hecho esta pequeña victoria que me sabe a gloria. Me tomo a vuestra salud un refrescante zumo de pomelo ahora que puedo.


Carlos Elipe Pérez
+347


Pd.: Me gusta mucho el zumo de pomelo.

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